Fotografía

¿Hueles el laurel de la montaña?

El maestro y el monje caminan por la montaña y el maestro le pregunta: ¿Hueles el laurel de la montaña? – Sí, contesta el monje.
En ese caso, ya no me queda más que enseñarte.

Sé que no es malintencionado y que de hecho en el fondo resulta un halago, por lo que las siguientes líneas no son un reproche o una burla, sino una guía hacía encontrar tu propio camino, en vez de pisar las huellas de quien admiras:
Existe un punto en la creación fotográfica en donde el correo y los mensajes privados se llenan de la típicas preguntas ¿Con qué cámara haces esas fotos tan bonitas? ¿Dónde puedo aprender a hacerlo como tú? Como si existiera una formula secreta en donde el equipo fotográfico que usas + un tip (o varios) extraídos de tu persona dieran el mágico resultado de obtener tu talento.

Quisiera a veces responder: «te sorprendería la cámara vieja y lenta que uso, la saqué hoy mismo del basurero» porque aunque no está tan lejos de la realidad, una pregunta no se merece tal sarcasmo, así que mi respuesta de cajón es «una cámara profesional, un telefoto para las aves, un angular para los paisajes y un lente macro para flores o insectos». Partiendo de que tales cosas son una herramienta, como lo es un lápiz o un cincel, y extrañamente no se le pregunta a un escritor qué pluma usa (o en éstos tiempos si su Office Word® es 2003 o 365) falta domar tal herramienta: saber dónde mover el ISO, la velocidad de obturación y la apertura del lente, además de saber para qué se hacen tales cosas. Después viene la adaptación a las normas fotográficas (o una vez conociendolas, su desaprobación), las reglas de composición, las modas y lo «que hacen los grandes».

¿Y a qué va todo ésto? fuera de tener una herramienta para hacer fotos, conocer dicho equipo y estudiar las convenciones del arte en general, quizá la formula mágica no existe, pero lo más cercano a ello es apasionarse con lo que vas a retratar, no sólo con el hecho de hacerlo.
En mi caso es la naturaleza: de nada sirve hacer una foto con todas la técnica y las reglas bien aplicadas si desprecias lo retratado.
¿Hueles el laurel de la montaña o sólo quieres retribución? Ahí está el camino.

Cúmulo de contradicciones. Aprendí a andar en bicicleta a los 23 años. Tengo un burro de mascota. Aficionado al café, las montañas, la naturaleza, la cerveza y la lectura. Hago fotografías cada que puedo.

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