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De cómo decidí hacerme amateur de nuevo

<<Si tu mente está vacía está lista
para cualquier cosa, está abierta
a todo. En la mente del
principiante hay muchas
posibilidades, en la mente del
experto hay pocas… Es es el
verdadero secreto de la creación
artística: ser siempre un
principiante>>
Shunryu Suzuki
 
No sé si sea permanente (nada realmente lo es) pero he dejado de ser profesional para volverme amateur: Por años me dediqué a la fotografia de bodas, la mayoria de los fines de semana empezaba el vendaval desde temprano. Correr de un lado a otro, primero a la casa de la novia y la preparación, la casa del novio y su familia, la sesión, la iglesia, la fiesta, la foto con el tío, con la amiga, con la abuela. Regresar a casa tarde y bajo la concepción de muchas personas ahí terminaba el trabajo y nada más alejado de la realidad.
 
Los días siguientes eran respaldar, seleccionar, editar, preparar impresiones, editar video, procesar las fotos en una resolución baja, enviarlas para que los novios seleccionen, esa seleccion se vuelve photobooks, marcos […] procesar las fotos en una resolción mayor, guardarlas en un medio fisico y si contabamos con la suerte de que la pareja en cuestión siguiera como tal, coordinar la entrega y hacer otra selección para redes sociales, publicarlas, hacer promociones, diseñar flyers, cautivar a otra pareja y de regreso al vendaval de todos los días.
 
Todo ésto porque en la era del capital ¿qué dice más “eres muy bueno en ésto” que generar dinero con ello?
 
Mientras me llenaba de bodas (1000 a 3,000 archivos RAW por cada una) discos duros enteros llegaban a su tope de capacidad y en algun apuro por espacio cometí uno de los grandes errores de mi vida: eliminar los negativos digitales de mis inicios en la fotografía de hace aproximadamente 10 años.
 
Esas fotos imperfectas que me llenaban de placer, fotografias llenas del hacer algo porque quieres y no porque debes que ya no experimentaba desde hace mucho y que sentía haber perdido.
 
Así que he decidio dejar por el momento de monetizar lo que amo y de volver a disfrutarlo.
 
En el imaginario común hay una pregunta retorica que se repite y se repite: Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?” un Koan que se ha clavado en la mente occidental y que se nos ha planteado sin siquiera saber qué demonios es un koan.
 
Dentro de esas preguntas mi cabeza se llenó de una en particular:
 

Si nadie viera tus fotos ¿las seguirías haciendo?

 
Por años pasé haciendo fotos para otros y no para mi disfrute personal, solo para que mi ego se sintiera reconocido ya que cada que subía una esas fotos “raras” que hacía por goce a las demoniacas redes sociales y recibia poca atención me hacía sentir basura. Así que en aquella busqueda de aceptación desesperada pensé que DEBÍA ser un fotografo reconocido y cobrar por ello cuando lo que realmente quería era conectarme a la naturaleza a través de la cámara. Sentir aquel goce de amateur. Estoy convencido de que el acto de fotografiar es una especie de meditación: ponemos la mente en blanco para prestarle atención al entorno (cosa que cada vez hacemos menos por estar hiperconectados).
 
Ese concepto de atención plena o mindfulness tan sonado en la actualidad lo realizamos cada que salimos a realizar fotos. La tan añorada tranquilidad que nos otorga dicha actividad en éstos tiempos de prisas y estrés es muy necesaria.
 

Así que deja la pantalla de tu ordenador o celular y medita a través de la lente fotografica.

 
Recordando que el origen de la palabra amateur es el que ama algo:
 
Si soy ese árbol que cae y que nadie escucha. Aunque nadie vea mis fotografias, ni sea “exitoso” voy a seguir haciendo lo que amo y eso es una gran liberación.

 

 

Iram Ortega

Fotógrafo y cúmulo de contradicciones. Aprendí a andar en bici a los 23 años.

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