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Atrapar a la luna: ¿Cómo contamos lo que contamos?

La Luna por Iram Ortega

La luna ha sido observada con extrema fascinación por nuestros antepasados, por científicos, alquimistas, soñadores y realistas por igual. Le llamamos lunático a quien tiene un comportamiento inusual y habemos quienes “vivimos en la luna” porque nuestra atención no está en un solo lugar. A su vez mitos y supersticiones la rodean: griegos, aztecas, egipcios […] han permeado sus historias y dioses con la luz lunar.

 
En la mente colectiva existen las brujas y hombres lobo y en la historia países pelearon por ver quién llegaba antes a colocar su banderita. Poetas, cineastas, músicos y artistas en general nos han bombardeado con alusiones al satélite desde siempre.
 
Como fotógrafos resulta un excelente ejercicio al inicio de nuestras aventuras con la cámara: nos damos cuenta en dónde estamos parados, si es que la técnica nos alcanza para que la luna muestre todos sus detalles y no se “queme” nuestra foto, y si nuestra óptica es suficiente para que el resultado no sea un simple puntito perdido en un mar negro. Como principiantes nos damos cuenta que quizá ese 18-55 no sea lo mejor para lograr lo que queremos y que poner el algoritmo del “automático” de nuestra cámara a veces termina en algo totalmente distinto a lo que queremos lograr y llegamos a una pregunta clave ¿entonces qué necesito?. Para algunos la luna ha significado un paso adelante en el aprendizaje de éste arte.
 
Hay días en los que la luna “se llena” y las redes sociales se inundan de imágenes producidas con tabletas, celulares y otros productos del ingenio humano. Fotos borrosas, con la luna lejana y sin ningún elemento que conduzca al espectador a sumergirse en ella. Los “profesionales” sacan su telefoto y a la luna se le asoman los detalles, pero a final de cuenta es la misma historia: o la minúscula bolita perdida en la nada o la cercanía aburrida del telefoto.
 
Así que después de esa primera pregunta de diletante habría que preguntarnos: ¿Qué puedo hacer diferente?. Entre todas las alternativas se me ocurren:
 

Disfrutar el espectáculo natural sin contribuir a la masa inmensa de fotos iguales.

Llamar a alguien para disfrutar la compañía y la vista.

Añadir un elemento distinto a la foto: un edificio, una montaña, una persona o lo que se le antoje.

No hacerle caso a divagaciones absurdas como ésta y subir una foto más de la luna super cerca.

 
 
 

A veces guardar la cámara en ciertas ocasiones nos hace ser mejores fotógrafos, y hacer lo que se nos pegue la gana también.

 
 

Iram Ortega

Fotógrafo y cúmulo de contradicciones. Aprendí a andar en bici a los 23 años.

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